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Reunión en la Facultad de Derecho de la Universidad de Palermo con Michael Shifter, presidente del Inter-American Dialogue (Washington, DC) y profesor de Política Latinoamericana de la Universidad de Georgetown.
Michael tiene una larga trayectoria de trabajo en América Latina. Su rica carrera incluye su desempeño, en la década del 90, como Director del Programa de Gobernabilidad y Derechos Humanos para la Región Andina y el Cono Sur de la Fundación Ford, de donde pasó a dirigir el programa de América Latina y el Caribe del National Endowment for Democracy hasta que se sumó al equipo del Dialogo Inter-Americano, think tank líder en relaciones entre Estados Unidos y América Latina del que ha sido nombrado Presidente recientemente.
Michael escribe permanentemente sobre relaciones entre Estados Unidos y América Latina y política del Hemisferio. Sus artículos han sido publicados por el New York Times, Foreign Affairs, Foreign Policy, The Washington Post, The Los Angeles Times, Journal of Democracy, Harvard International Review, Clarin, O Estado de S. Paulo, y Cambio.
Es co-editor, junto con Jorge Domínguez, de Constructing Democratic Governance in Latin America, publicado por Johns Hopkins University Press.
Ha testificado en repetidas oportunidades ante el Congreso de los Estados Unidos sobre la política de su país hacia América Latina Mike hará una breve presentacion sobre "Obama y Latinoamérica: nuevos comienzos, viejas fricciones".
Luego de ello, tendremos la oportunidad de dialogar con él. La reunión será el próximo Martes 16 de Febrero a las 12:30 hs en Mario Bravo 1050.
Por cuestiones logísticas, les agradeceré nos confirmen asistencia al tel. 5199-4500 int. 1212 o vía e-mail a eventosde@palermo.edu. Al confirmar participación, pueden pedir el envío de un paper de Michael sobre el tema de su presentación.
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jueves, 4 de febrero de 2010
sábado, 23 de mayo de 2009
Owen Fiss en Colombia: “Obama debe enfrentar el pasado para construir las bases del futuro”

Publicado en Semana.com
Bogotá, Colombia
30 de abril de 2009
Estados Unidos Owen Fiss, prestigioso y crítico profesor de la Universidad de Yale, habló con Carlos Cortés para Semana.com sobre los primeros cien días de trabajo del presidente Barack Obama.
Muchos intelectuales norteamericanos celebraron la llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos porque, a diferencia de su antecesor, se trataba de un hombre inteligente. Sumado a la convicción de Obama por los valores democráticos y los derechos humanos, esto hizo que profesores universitarios y académicos lo apoyaran de manera abierta y decidida. Uno de ellos es Owen Fiss, profesor de la Universidad de Yale con una vasta e influyente obra jurídica. Fiss es un referente obligatorio cuando se habla de derecho constitucional, tanto en Estados Unidos como en Latinoamérica.
De paso por Colombia – invitado por la Universidad de Los Andes y la Fundación para la Libertad de Prensa a un seminario sobre libertad de expresión – se refirió a los primeros 100 días de Barack Obama en el gobierno, y habló de la perspectiva que ve para Latinoamérica en la nueva administración.
¿Cuáles son los aspectos positivos de los primeros 100 días de Obama como presidente de los Estados Unidos?
Creo que hablo por mucha gente cuando digo que estoy impresionado por todo lo que ha hecho en tan poco tiempo. Me impresiona su energía. Y no hablo solamente de las medidas que tomó para enfrentar la crisis económica. También me refiero a los viajes internacionales que hizo, entre ellos Turquía y México, de gran relevancia política, y su participación en la reunión del G-8 en Londres.
Por otro lado, es una persona muy transparente. Está en todas partes. No tengo las estadísticas, pero diría que ha ofrecido más ruedas de prensa y ha aparecido más veces en público que George Bush en ocho años. Creo que los norteamericanos sienten que Obama está disponible, y que está dispuesto a explicar sus políticas y defenderlas.
¿Y cuáles son los aspectos negativos?
Barack Obama siempre ha dicho que está en contra de la tortura. Una vez posesionado, ordenó el cierre de Guantánamo en el término de un año y las prisiones de la CIA donde se torturaba prisioneros. Su fiscal general también dijo que la asfixia simulada (‘waterboarding’) es tortura. Pero esto apenas responde a la pregunta sobre lo que debe hacerse en el futuro, y deja por fuera los abusos del pasado.
Le pongo otro ejemplo: otro de los abusos generalizados durante la administración Bush fueron las interceptaciones ilegales a sospechosos de terrorismo. Esto fue visto por mucha gente como un abuso del poder presidencial. En junio de 2008, el Congreso expidió una ley que legitimó esa práctica y Obama, como senador, la apoyó. Ahora como Presidente no ha dado señales de querer reversarla. Creo que los abusos del pasado tienen que enfrentarse, no sólo como un asunto de justicia de las víctimas, sino también para establecer las bases del futuro.
En relación con ese pasado, ¿qué responsabilidad le cabe a los jueces en lo que sucedió durante la administración Bush?
Lo que sucedió no fue responsabilidad exclusiva del Presidente, el Vicepresidente y algunos altos oficiales del gobierno. Todas las ramas del Estado fueron de alguna forma cómplices. Guantánamo se abrió en enero de 2002, y sólo hasta 2008 la Corte Suprema de Justicia dijo que las leyes expedidas por el Congreso sobre este tema en 2005 y 2006 violaban la garantía del habeas corpus. Fue una decisión débil y tardía. La Corte Suprema no estableció claramente qué derechos tenían los prisioneros de Guantánamo, y si acaso le dio un jalón de orejas al Congreso. En definitiva, no hubo un interés de respaldar los valores fundamentales de nuestra Nación.
¿Y bajo la administración Obama habrá un giro de la Corte o será un pulso constante?
En estos puntos que menciono, será un pulso constante.
Pasando a las relaciones internacionales, un periodista estadounidense señalaba recientemente que Obama tenía que asumir el liderazgo en el Medio Oriente y hacer la primera movida. Y que si no lo hacía pronto, la agenda la terminaría imponiendo Irán. ¿Cómo ve esto?
Habrá avances, pero será un camino pedregoso. La administración Bush le dio luz verde a Israel para que hiciera lo que quisiera. Hubo luz roja para bombardear Irán, pero verde para invadir Gaza y atacar Líbano. La luz roja en Irán continuará bajo la administración Obama, y seguramente no habrá luz verde para Israel en los demás frentes.
La administración Obama viene articulando una propuesta a favor de la solución de los dos Estados, entre Israel y Palestina. Que sea buena o mala la idea, no lo sé. Y digo que será un camino pedregoso porque acaba de haber elecciones en Israel. Aunque Benjamín Netanyahu es una persona pragmática, parte de su gabinete – concretamente su ministro de Relaciones Exteriores – se opone a la solución de los dos Estados. Va a ser un ‘baile’. Israel depende enteramente de Estados Unidos, y aunque Obama quiera empujar su propuesta, muchas decisiones, por ejemplo sobre ayuda militar, pasan por el Congreso de los Estados Unidos. Así que será un baile de tres.
Pasando a Latinoamérica, en la Cumbre de Trinidad y Tobago Obama dijo que habría una relación diferente con la región, y que estaba dispuesto a escuchar. ¿Habrá una diferencia real?
A excepción del Plan Colombia, fue poco el interés que Estados Unidos tuvo en Latinoamérica durante el gobierno de Bush. Hubo alguna ansiedad cuando eligieron a Lula, y las tensiones que conocemos con Hugo Chávez o Evo Morales. El talante de Barack Obama es otro.
El hecho de que haya estrechado manos con Hugo Chávez no es un simple show mediático. Esa es su naturaleza. Hemos visto la transformación de la política con Cuba y posiblemente veremos algo con Chávez, aunque es alguien mucho más difícil de lidiar. También creo que Estados Unidos tendrá una buena relación con Brasil.
Todo esto dependerá de muchos factores, empezando por las prioridades de Estados Unidos. De una u otra forma, Latinoamérica tiene que preguntarse qué quiere de Estados Unidos. Me pregunto si tal vez lo que más le conviene a la región es la indiferencia norteamericana (risas). Por supuesto que quieren respeto, cooperación y que Estados Unidos no ‘matonee’ a los países de la región. Pero se trata de una relación de lado y lado. Ya no estamos en los sesenta, no se trata simplemente de pedir ayuda.
En el caso de México, ¿cree que el presidente Obama busque replicar la experiencia del Plan Colombia, como algunos sugieren?
Me resisto a creerlo. Obama visitó México y reconoció que el problema de violencia y narcotráfico es una responsabilidad conjunta de ese país y Estados Unidos. Esa afirmación la repitió Hillary Clinton. Creo que debe buscarse una política conjunta, donde se comience por controlar el ingreso ilegal de armas a México a través de la frontera desde Estados Unidos.
Y por último, pasando a su especialidad, ¿cómo ve la libertad de expresión frente a la crisis económica y la crisis financiera de los medios de comunicación?
Durante los setenta y ochenta la libertad de expresión fue capturada por la ideología del mercado, y creo que la crisis económica debe ser la oportunidad para que se libere de esa captura.
La orientación individualista del mercado es problemática ya que ciertos objetivos sociales no se pueden alcanzar confiando en el mercado. Uno de ellos es la libertad de expresión como un derecho que fortalezca la determinación colectiva de la sociedad.
Durante las décadas que menciono, el objetivo era la desregulación, donde el Estado era visto como un enemigo. Pero ahora el Estado puede actuar como un amigo de la libertad de expresión, interviniendo para que el debate político florezca y se oigan todas las perspectivas. Esa es mi esperanza. Considero que todos tenemos el deber moral de tener esperanza.
sábado, 2 de mayo de 2009
Retiro de juez permite a Obama influir en Corte Suprema
Por MARK SHERMAN y JENNIFER LOVEN © 2009 The Associated Press
May 1, 2009, 3:03PM
El presidente Barack Obama tendrá su primera oportunidad de influir en el rumbo del máximo tribunal del país luego del retiro del juez David Souter anunciado el viernes.
Obama declaró que para reemplazar a Souter, de tendencia liberal, nominará a un individuo "dedicado al estado de derecho". Se expresó "increíblemente agradecido por el dedicado servicio" del juez saliente.
"Para tomar esta decisión, consultaré con miembros de ambos partidos, abarcando todo el espectro político, y espero que podamos juramentar al nuevo juez de la Corte Suprema a tiempo para que él o ella puedan ocupar su asiento el primer lunes de octubre", declaró el presidente.
Souter, de 69 años, se retira después de casi 20 años en Washington.
El presidente interrumpió la rueda de prensa de su vocero para participarle a los reporteros que recién había hablado por teléfono con Souter.
Obama añadió que deseaba que el Senado confirme rápidamente al sucesor de Souter y que el nuevo magistrado ocupe su banquillo para cuando comiencen las sesiones del máximo tribunal en octubre.
Obama elogió a Souter, calificándolo de un juez imparcial y de criterio independiente. Souter le había enviado una carta a Obama el viernes informándole oficialmente de su decisión. El retiro de Souter probablemente no alterará el equilibrio ideológico de la Corte, que está dividida casi por la mitad entre liberales y conservadores. Se da por sentado que Obama eligirá a un juez de tendencia liberal, como Souter.
La decisión, sin embargo, podría llevar a otra mujer a la Corte Suprema para que acompañe a Ruth Bader Ginsburg, quien actualmente es la única mujer en el tribunal.
Con 69 años de edad, Souter es mucho más joven que Ginsburg, de 76 o que John Paul Stevens, de 89, los otros dos jueces, ambos liberales, que podrían retirarse en el futuro próximo. Pero esos jueces no han dado señal alguna de querer jubilarse y de hecho Ginsburg ha dejado claro que piensa seguir trabajando por varios años más a pesar de que recientemente fue operada de cáncer pancreático.
En Filadelfia, el senador Arlen Specter declaró que preferiría ver más variedad en la corte. "Creo que si tomamos en cuenta la proporción de mujeres en nuestra población, no es representativo tener una mujer entre nueve jueces", dijo Specter. Añadió que sería bueno también ver jueces de diverso origen étnico como hispanos o negros.
La reacción de los grupos de interés no se hizo esperar. "La retórica y las acciones de Obama dejan claro que buscará a algún activista de izquierdas que se dejará llevar por sus pasiones y no a alguien que pueda dictar fallos de manera independiente", declaró Ed Whelan, presidente del grupo conservador Ethics and Public Policy Center.
Nan Aron, presidente del liberal Alliance for Justice (Alianza por la Justicia) dijo: "Esperamos que el presidente Obama elija a un candidato plenamente cualificado que esté comprometido con los valores de nuestra constitución, que esté comprometido con aplicar la justicia para todos y no solamente para unos pocos".
May 1, 2009, 3:03PM
El presidente Barack Obama tendrá su primera oportunidad de influir en el rumbo del máximo tribunal del país luego del retiro del juez David Souter anunciado el viernes.
Obama declaró que para reemplazar a Souter, de tendencia liberal, nominará a un individuo "dedicado al estado de derecho". Se expresó "increíblemente agradecido por el dedicado servicio" del juez saliente.
"Para tomar esta decisión, consultaré con miembros de ambos partidos, abarcando todo el espectro político, y espero que podamos juramentar al nuevo juez de la Corte Suprema a tiempo para que él o ella puedan ocupar su asiento el primer lunes de octubre", declaró el presidente.
Souter, de 69 años, se retira después de casi 20 años en Washington.
El presidente interrumpió la rueda de prensa de su vocero para participarle a los reporteros que recién había hablado por teléfono con Souter.
Obama añadió que deseaba que el Senado confirme rápidamente al sucesor de Souter y que el nuevo magistrado ocupe su banquillo para cuando comiencen las sesiones del máximo tribunal en octubre.
Obama elogió a Souter, calificándolo de un juez imparcial y de criterio independiente. Souter le había enviado una carta a Obama el viernes informándole oficialmente de su decisión. El retiro de Souter probablemente no alterará el equilibrio ideológico de la Corte, que está dividida casi por la mitad entre liberales y conservadores. Se da por sentado que Obama eligirá a un juez de tendencia liberal, como Souter.
La decisión, sin embargo, podría llevar a otra mujer a la Corte Suprema para que acompañe a Ruth Bader Ginsburg, quien actualmente es la única mujer en el tribunal.
Con 69 años de edad, Souter es mucho más joven que Ginsburg, de 76 o que John Paul Stevens, de 89, los otros dos jueces, ambos liberales, que podrían retirarse en el futuro próximo. Pero esos jueces no han dado señal alguna de querer jubilarse y de hecho Ginsburg ha dejado claro que piensa seguir trabajando por varios años más a pesar de que recientemente fue operada de cáncer pancreático.
En Filadelfia, el senador Arlen Specter declaró que preferiría ver más variedad en la corte. "Creo que si tomamos en cuenta la proporción de mujeres en nuestra población, no es representativo tener una mujer entre nueve jueces", dijo Specter. Añadió que sería bueno también ver jueces de diverso origen étnico como hispanos o negros.
La reacción de los grupos de interés no se hizo esperar. "La retórica y las acciones de Obama dejan claro que buscará a algún activista de izquierdas que se dejará llevar por sus pasiones y no a alguien que pueda dictar fallos de manera independiente", declaró Ed Whelan, presidente del grupo conservador Ethics and Public Policy Center.
Nan Aron, presidente del liberal Alliance for Justice (Alianza por la Justicia) dijo: "Esperamos que el presidente Obama elija a un candidato plenamente cualificado que esté comprometido con los valores de nuestra constitución, que esté comprometido con aplicar la justicia para todos y no solamente para unos pocos".
lunes, 23 de marzo de 2009
PRIMICIA: Harold Koh, Decano de la Facultad de Derecho de Yale se va al Departamente de Estado
Harold Koh renuncia a su cargo como Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale y es nombrado por el Presidente Barak Obama como Asesor Jurídico de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton. Desde este cargo, Harold deberá trabajar en cuestiones jurídicas tanto domésticas como internacionales, formulando e implementando la política exterior de los Estados Unidos, al tiempo que promoverá el desarrollo del derecho internacional y sus instituciones, como parte fundamental de esa política. El Asesor Jurídico es designado por el Presidente con el consentimiento del Senado. Estará a cargo de una oficina de 200 abogados.

Harold nos visitó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Palermo en junio de 2008 y realizó una exposición durante el almuerzo para un pequeño grupo de profesores sobre el futuro de los Estados Unidos después de las elecciones presidenciales de su país, que tendrían lugar unos meses después de esa visita. En aquél almuerzo presagió que Hillary Clinton sería la Secretaria de Estado y algunos de nosotros presagiamos que él se sumaría a su equipo si eso sucedía...
Le deseamos a Harold la mejor de las suertes en esta nueva posición que ocupa y que corona su brillante carrera profesional dedicada a la academia y al servicio público.
Ver más sobre Harold Koh...

Harold nos visitó en la Facultad de Derecho de la Universidad de Palermo en junio de 2008 y realizó una exposición durante el almuerzo para un pequeño grupo de profesores sobre el futuro de los Estados Unidos después de las elecciones presidenciales de su país, que tendrían lugar unos meses después de esa visita. En aquél almuerzo presagió que Hillary Clinton sería la Secretaria de Estado y algunos de nosotros presagiamos que él se sumaría a su equipo si eso sucedía...
Le deseamos a Harold la mejor de las suertes en esta nueva posición que ocupa y que corona su brillante carrera profesional dedicada a la academia y al servicio público.
Ver más sobre Harold Koh...
sábado, 24 de mayo de 2008
Obama, según Vargas Llosa
Obama, en los infiernos
Por Mario Vargas Llosa
Para LA NACION
Cuando la senadora Hillary Clinton comprendió que era poco menos que imposible para ella ganar la designación como candidata a la presidencia por el Partido Demócrata, pues su rival, el senador Barack Obama, le llevaba una ventaja en votos, delegados y estados que no alcanzaría a igualar, recurrió, como suelen hacer los políticos, a las armas prohibidas. En este caso, el tema racial. Y dijo ante la prensa que lo que las elecciones primarias venían demostrando era que a ella la preferían los electores de la "América blanca".
Aunque le llovieron las críticas por resucitar un asunto tan ominoso y explosivo en un país como los Estados Unidos -el propio The New York Times , que ha respaldado su candidatura, la censuró en un editorial-, el vedado recurso dio, por lo menos en apariencia, buenos resultados: el 13 de mayo, en las primarias de Virginia Occidental, el estado más "blanco" del país, Hillary obtuvo una arrolladora victoria con más de cien mil votos sobre su contendor.
Se trató de un triunfo llamativo pero insignificante en términos prácticos, porque, debido a su escasa población, Virginia Occidental tiene muy pocos delegados, y Obama sigue conquistando superdelegados entre los independientes. Incluso, algunos que habían prometido su apoyo a la senadora se lo han retirado para dárselo a él. Y en estos últimos días, John Edwards, que fue precandidato presidencial en estas primarias y que había sido afanosamente solicitado por los dos contendientes, se decidió también por Obama. Su apoyo es importante, pues Edwards tiene influencia en el medio obrero y sindical, donde la senadora Clinton es muy popular.
Pero aunque, como señalan los an alistas -ocurra lo que ocurra en las tres elecciones primarias de cinco pequeños estados que aún faltan a los demócratas-, el senador Obama parece tener asegurada la candidatura, la fea operación de contornos racistas lanzada por Hillary Clinton puede tener siniestras consecuencias en la futura campaña presidencial entre Obama y McCain, convirtiéndola en un enfrentamiento entre la América "blanca" y la América "negra".

No tiene que ocurrir, pero hay indicios alarmantes. Todas las encuestas hechas desde que la senadora se proclamó la favorita de los "blancos" indican que un número creciente de estadounidenses declara ahora que el tema racial o étnico ha pasado a ser importante para ellos en sus preferencias electorales. Lo que significa un serio revés para Barack Obama, que había hecho de la solidaridad entre las diferentes razas, tradiciones, creencias, convicciones y costumbres uno de los puntales de su prédica desde el inicio de su campaña.
Hillary Clinton no es una racista, desde luego. Es un animal político, frío, tenaz, inteligente y sin escrúpulos. Con la misma glacial serenidad y destreza con que supo salir airosa de los escándalos y las humillaciones a que la sometió su marido en los comienzos de su gobierno, ha continuado su campaña, sin perder la sonrisa y el ánimo, mientras era derrotada una y otra vez por un adversario que, según todas las encuestas, es preferido por los jóvenes, los profesionales, los empresarios, los universitarios y, en resumen, por los sectores más modernos, cultos y liberales de la sociedad norteamericana, dejándole a ella los más incultos, primitivos y provincianos.
Antes de la operación racial, su campaña había lanzado otra de guerra sucia, de índole machista, que no prosperó. Consistía en presentar a la senadora como el verdadero "macho", el auténtico líder viril en la contienda, alguien a quien su propio jefe de campaña bautizó en Illinois "el candidato testicular". Obama, en cambio, sería el débil, e l blando, el indeciso, el -horror de horrores- intelectual, alguien a quien sería riesgoso y suicida confiar la primera magistratura en caso de un conflicto bélico.
Los avisos pagados de Hillary presentaban a la senadora en una actitud marcial y beligerante, con la siguiente interrogación: "¿A quién preferiría usted como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos?". Y al lado de la senadora languidecía un esmirriado y subsumido Obama, con una cara de vacilante y asustado.
Pero esta tentativa denigratoria no tuvo mayor efecto. Entonces, la senadora, en uno de esos gestos audaces que la caracterizan, decidió que, como ya no era realista pensar en su nominación, sí era posible, en cambio, contribuir a la futura derrota de su rival en las elecciones presidenciales de noviembre frente al republicano McCain.
No se trata de una venganza personal, nacida de la frustración, sino de un sencillo cálculo matemático de un político de alto vuelo. Si Hil lary Clinton aspira a ser la candidata de los demócratas a la presidencia en el año 2012, es preciso que en estos comicios el ganador sea un republicano y no un demócrata. Pues si es Obama el próximo presidente, la senadora vería cerradas las puertas de su candidatura a la Casa Blanca hasta el año 2016, ya muy tarde para ella.
Nada de esto se puede exhibir a la luz pública, pero sí enviando indirectos mensajes a la subconciencia y los prejuicios instintivos del electorado. Según los sondeos últimos, un 50% de los partidarios demócratas de Hillary Clinton en Virginia Occidental afirmaron que no votarán por Obama para presidente: si es el candidato, se abstendrán de votar o lo harán por McCain.
Al mismo tiempo que la senadora envenenaba la campaña de racismo, el candidato republicano iniciaba su propia guerra sucia, utilizando otro ingrediente explosivo para desacreditar a su casi seguro rival en las elecciones de noviembre. En una conferencia de prensa decía que, entre él y Obama, el verdadero amigo de Israel era el senador McCain. ¿No lo demostraba el hecho de que el líder de la organización terrorista Hamas hubiera dicho que simpatizaba con la candidatura de Barack Obama?
De este modo, una especie que había circulado, sin mayor eficacia, hace algunos meses, resucitaba y volvía a ocupar los primeros planos del debate electoral: Obama, un musulmán emboscado (pues su padre lo fue), un amigo de los palestinos y, por lo tanto, potencialmente, un presidente que daría la espalda a Israel, el mejor aliado de los Estados Unidos, y tendería la mano a los terroristas palestinos.
La acusación de McCain es de largo alcance y si prende puede ser decisiva en la campaña. Los judíos son una pequeña minoría en número en la sociedad norteamericana, pero el lobby judío, las organizaciones que apoyan a Israel y hacen campaña favorable a los políticos que consideran proisraelíes y hostigan a los que no, ejerce una poderosa influencia económic a y publicitaria en toda campaña electoral. Y aunque no siempre ganan sus candidatos, es seguro que siempre pierden los que consideran sus enemigos.
Desde que McCain hizo aquella declaración, el senador Obama se ha multiplicado en desmentidos ante diversas asociaciones judías y proisraelíes, recordando una vez más sus tomas de posición, tanto en la cámara estatal de Illinois como luego en el Senado, a favor de Israel y condenando en términos inequívocos el terrorismo de Hamas. Y también repitiendo que, aunque su padre fuera musulmán, su madre lo educó como cristiano, al igual que ocurrió con su esposa, Michelle. Por otra parte, muchos judíos norteamericanos se han manifestado respaldando sus afirmaciones y desmintiendo las insinuaciones de McCain.
Todo esto es una indicación de que la campaña presidencial será esta vez más virulenta que otras veces. ¿Conseguirá Obama enfrentar exitosamente las guerras sucias lanzadas contra él? Yo creo que sí, aunque sin duda le va a costar trabajo y no puede permitirse cometer un solo error.
Mi optimismo no se basa tanto en las encuestas como en la actitud que hasta ahora mantiene entre las llamaradas de mugre y de insidia que han encendido a su alrededor. No ha respondido con las mismas armas ni ha descendido al vituperio. Continúa, imperturbable, con su discurso reformista, de ideas, con invocaciones a la unión, rechazando toda forma de sectarismo e intolerancia y con propuestas concretas y realistas a favor de los débiles, los marginados, y una fe contagiosa en las instituciones democráticas.
Es verdad que a menudo habla más como un intelectual que como un político profesional, pero eso, por fortuna, en vez de desprestigiarlo, le ha ganado la simpatía y el entusiasmo de millones de sus compatriotas. Su discurso sigue atrayendo sobre todo a los jóvenes, de todas las razas, que acuden por millares a trabajar como voluntarios en todo el país, fortaleciendo una maquinaria que ha probado tener una eficacia contundente.
Esperemos que las campañas de guerra sucia no prevalezcan y, por una vez, el idealismo y los principios derroten a las maniobras de los políticos.
Por Mario Vargas Llosa
Para LA NACION
Cuando la senadora Hillary Clinton comprendió que era poco menos que imposible para ella ganar la designación como candidata a la presidencia por el Partido Demócrata, pues su rival, el senador Barack Obama, le llevaba una ventaja en votos, delegados y estados que no alcanzaría a igualar, recurrió, como suelen hacer los políticos, a las armas prohibidas. En este caso, el tema racial. Y dijo ante la prensa que lo que las elecciones primarias venían demostrando era que a ella la preferían los electores de la "América blanca".
Aunque le llovieron las críticas por resucitar un asunto tan ominoso y explosivo en un país como los Estados Unidos -el propio The New York Times , que ha respaldado su candidatura, la censuró en un editorial-, el vedado recurso dio, por lo menos en apariencia, buenos resultados: el 13 de mayo, en las primarias de Virginia Occidental, el estado más "blanco" del país, Hillary obtuvo una arrolladora victoria con más de cien mil votos sobre su contendor.
Se trató de un triunfo llamativo pero insignificante en términos prácticos, porque, debido a su escasa población, Virginia Occidental tiene muy pocos delegados, y Obama sigue conquistando superdelegados entre los independientes. Incluso, algunos que habían prometido su apoyo a la senadora se lo han retirado para dárselo a él. Y en estos últimos días, John Edwards, que fue precandidato presidencial en estas primarias y que había sido afanosamente solicitado por los dos contendientes, se decidió también por Obama. Su apoyo es importante, pues Edwards tiene influencia en el medio obrero y sindical, donde la senadora Clinton es muy popular.
Pero aunque, como señalan los an alistas -ocurra lo que ocurra en las tres elecciones primarias de cinco pequeños estados que aún faltan a los demócratas-, el senador Obama parece tener asegurada la candidatura, la fea operación de contornos racistas lanzada por Hillary Clinton puede tener siniestras consecuencias en la futura campaña presidencial entre Obama y McCain, convirtiéndola en un enfrentamiento entre la América "blanca" y la América "negra".

No tiene que ocurrir, pero hay indicios alarmantes. Todas las encuestas hechas desde que la senadora se proclamó la favorita de los "blancos" indican que un número creciente de estadounidenses declara ahora que el tema racial o étnico ha pasado a ser importante para ellos en sus preferencias electorales. Lo que significa un serio revés para Barack Obama, que había hecho de la solidaridad entre las diferentes razas, tradiciones, creencias, convicciones y costumbres uno de los puntales de su prédica desde el inicio de su campaña.
Hillary Clinton no es una racista, desde luego. Es un animal político, frío, tenaz, inteligente y sin escrúpulos. Con la misma glacial serenidad y destreza con que supo salir airosa de los escándalos y las humillaciones a que la sometió su marido en los comienzos de su gobierno, ha continuado su campaña, sin perder la sonrisa y el ánimo, mientras era derrotada una y otra vez por un adversario que, según todas las encuestas, es preferido por los jóvenes, los profesionales, los empresarios, los universitarios y, en resumen, por los sectores más modernos, cultos y liberales de la sociedad norteamericana, dejándole a ella los más incultos, primitivos y provincianos.
Antes de la operación racial, su campaña había lanzado otra de guerra sucia, de índole machista, que no prosperó. Consistía en presentar a la senadora como el verdadero "macho", el auténtico líder viril en la contienda, alguien a quien su propio jefe de campaña bautizó en Illinois "el candidato testicular". Obama, en cambio, sería el débil, e l blando, el indeciso, el -horror de horrores- intelectual, alguien a quien sería riesgoso y suicida confiar la primera magistratura en caso de un conflicto bélico.
Los avisos pagados de Hillary presentaban a la senadora en una actitud marcial y beligerante, con la siguiente interrogación: "¿A quién preferiría usted como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos?". Y al lado de la senadora languidecía un esmirriado y subsumido Obama, con una cara de vacilante y asustado.
Pero esta tentativa denigratoria no tuvo mayor efecto. Entonces, la senadora, en uno de esos gestos audaces que la caracterizan, decidió que, como ya no era realista pensar en su nominación, sí era posible, en cambio, contribuir a la futura derrota de su rival en las elecciones presidenciales de noviembre frente al republicano McCain.
No se trata de una venganza personal, nacida de la frustración, sino de un sencillo cálculo matemático de un político de alto vuelo. Si Hil lary Clinton aspira a ser la candidata de los demócratas a la presidencia en el año 2012, es preciso que en estos comicios el ganador sea un republicano y no un demócrata. Pues si es Obama el próximo presidente, la senadora vería cerradas las puertas de su candidatura a la Casa Blanca hasta el año 2016, ya muy tarde para ella.
Nada de esto se puede exhibir a la luz pública, pero sí enviando indirectos mensajes a la subconciencia y los prejuicios instintivos del electorado. Según los sondeos últimos, un 50% de los partidarios demócratas de Hillary Clinton en Virginia Occidental afirmaron que no votarán por Obama para presidente: si es el candidato, se abstendrán de votar o lo harán por McCain.
Al mismo tiempo que la senadora envenenaba la campaña de racismo, el candidato republicano iniciaba su propia guerra sucia, utilizando otro ingrediente explosivo para desacreditar a su casi seguro rival en las elecciones de noviembre. En una conferencia de prensa decía que, entre él y Obama, el verdadero amigo de Israel era el senador McCain. ¿No lo demostraba el hecho de que el líder de la organización terrorista Hamas hubiera dicho que simpatizaba con la candidatura de Barack Obama?
De este modo, una especie que había circulado, sin mayor eficacia, hace algunos meses, resucitaba y volvía a ocupar los primeros planos del debate electoral: Obama, un musulmán emboscado (pues su padre lo fue), un amigo de los palestinos y, por lo tanto, potencialmente, un presidente que daría la espalda a Israel, el mejor aliado de los Estados Unidos, y tendería la mano a los terroristas palestinos.
La acusación de McCain es de largo alcance y si prende puede ser decisiva en la campaña. Los judíos son una pequeña minoría en número en la sociedad norteamericana, pero el lobby judío, las organizaciones que apoyan a Israel y hacen campaña favorable a los políticos que consideran proisraelíes y hostigan a los que no, ejerce una poderosa influencia económic a y publicitaria en toda campaña electoral. Y aunque no siempre ganan sus candidatos, es seguro que siempre pierden los que consideran sus enemigos.
Desde que McCain hizo aquella declaración, el senador Obama se ha multiplicado en desmentidos ante diversas asociaciones judías y proisraelíes, recordando una vez más sus tomas de posición, tanto en la cámara estatal de Illinois como luego en el Senado, a favor de Israel y condenando en términos inequívocos el terrorismo de Hamas. Y también repitiendo que, aunque su padre fuera musulmán, su madre lo educó como cristiano, al igual que ocurrió con su esposa, Michelle. Por otra parte, muchos judíos norteamericanos se han manifestado respaldando sus afirmaciones y desmintiendo las insinuaciones de McCain.
Todo esto es una indicación de que la campaña presidencial será esta vez más virulenta que otras veces. ¿Conseguirá Obama enfrentar exitosamente las guerras sucias lanzadas contra él? Yo creo que sí, aunque sin duda le va a costar trabajo y no puede permitirse cometer un solo error.
Mi optimismo no se basa tanto en las encuestas como en la actitud que hasta ahora mantiene entre las llamaradas de mugre y de insidia que han encendido a su alrededor. No ha respondido con las mismas armas ni ha descendido al vituperio. Continúa, imperturbable, con su discurso reformista, de ideas, con invocaciones a la unión, rechazando toda forma de sectarismo e intolerancia y con propuestas concretas y realistas a favor de los débiles, los marginados, y una fe contagiosa en las instituciones democráticas.
Es verdad que a menudo habla más como un intelectual que como un político profesional, pero eso, por fortuna, en vez de desprestigiarlo, le ha ganado la simpatía y el entusiasmo de millones de sus compatriotas. Su discurso sigue atrayendo sobre todo a los jóvenes, de todas las razas, que acuden por millares a trabajar como voluntarios en todo el país, fortaleciendo una maquinaria que ha probado tener una eficacia contundente.
Esperemos que las campañas de guerra sucia no prevalezcan y, por una vez, el idealismo y los principios derroten a las maniobras de los políticos.
Obama sobre América Latina
Algunos tramos del discurso de campaña de ayer de Barak Obama sobre América Latina:
"Es tiempo de una nueva alianza de las Américas"
"Después de ocho años de políticas desastrosas de George Bush, ha llegado la hora de avanzar la diplomacia directa, con amigos y enemigos, sin precondiciones".
Si se convierte en presidente, dijo desde Miami, impondrá una "nueva estrategia" hacia Cuba y en la lucha contra la pobreza, la inseguridad y las drogas.
Los vínculos ya no serán, dijo, entre las cúpulas del poder político y económico, sino dirigida a ayudar a los pobres de la región. Estados Unidos será "otra vez un faro de esperanza y una mano que ayude", agregó.
"Hemos fracasado en conectarnos con la gente de la región con el respeto debido a un socio".
Para revertirlo, prometió medir "sus resultados no a través de acuerdos entre gobiernos, sino por medio de las esperan zas del chico en las favelas de Río, la seguridad del policía de la Ciudad de México y las respuestas a los gritos de los prisioneros políticos en las cárceles de La Habana".
Obama ofreció su agenda para la región: mantendrá el embargo a Cuba, pero levantará restricciones y se mostró dispuesto a levantar por completo el bloqueo comercial si el régimen impulsa reformas; criticó en términos durísimos a Chávez; y apoyó a Colombia contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC), aún si las persigue a través de sus fronteras con Ecuador o Venezuela.
Condicionó su apoyo a los acuerdos de libre comercio: "No podemos aceptar un comercio que enriquece a aquellos en la cima mientras corta los peldaños de abajo".
Por eso votó en contra del Acuerdo para América Central (Cafta, por sus siglas en inglés) y rechazó el pendiente con Colombia, pero apoyó el modificado con Perú.
La Argentina sólo recibió una mención sobre el final de su discurso. Fue cuando anticipó que evaluará "las oportunidades y riesgos de la energía nuclear en el hemisferio sentándonos con México, Brasil, la Argentina y Chile".
Elogió al presidente mexicano Felipe Calderón por su nombre y le prometió su ayuda, pero también marcó deficiencias en su país.
En cuanto a Lula, destacó su liderazgo en etanol: "Podemos aprender del progreso alcanzado por un país como Brasil".
Cuba, en tanto, concentró la mayor cantidad de alusiones directas -una veintena-. Dijo que el régimen de los hermanos Castro creó "un terrible y trágico statu quo ". Pero también denunció la política seguida por Estados Unidos por décadas, la que "no ha hecho nada por impulsar la libertad pa ra el pueblo cubano" y prometió imponer "una estrategia de cambio".
"Mantendré el embargo", aclaró. Y también dijo que autorizará "de inmediato y sin límites los viajes y el envío de remesas a la isla".
Además transmitirá un mensaje a La Habana: "Si dan pasos significativos hacia la democracia, empezando con la liberación de todos los prisioneros políticos, tomaremos medidas para empezar a normalizar relaciones".
Para Obama, la línea adoptada por Bush hacia Cuba, compartida por el candidato republicano John McCain, sólo ofrece "palabras duras" pero nulos resultados. A ellos, dedicó numerosas y variadas críticas. "Es tiempo de impulsar una diplomacia directa, con amigos y enemigos por igual, sin precondiciones", dijo.
Diplomacia agresiva
Si Cuba concentró más líneas de su discurso, las palabras más duras se las dedicó a Chávez, al que calificó de "demagogo" y como uno de los "matones autoritarios" del hemisferio. "Su predecible pero pelig rosa mezcla de retórica antiestadounidense, su gobierno autoritario y su diplomacia de chequera ofrece la misma falsa promesa de las ya intentadas y fallidas ideologías del pasado", dijo.
"Chávez es un líder electo democráticamente -reconoció-. Pero también sabemos que no gobierna democráticamente. Habla de la gente, pero sus acciones sólo benefician su propio poder."
Y fijó una línea clara y controvertida de acción si arriba a la Casa Blanca: "Apoyaremos por completo la lucha de Colombia contra las FARC. Trabajaremos con el gobierno para terminar con el reino del terror de los paramilitares de centroderecha. Apoyaremos el derecho de Colombia a atacar a los terroristas que buscan zonas protegidas del otro lado de sus fronteras. Y echaremos luz sobre cualquier apoyo a las FARC que provenga de gobiernos vecinos".
Parte de la culpa por la expansión chavista, sin embargo, la centró en el "vacío" que produjo la falta de iniciativa de la administración Bush, lo que también destacó que aprovecharon los europeos, China y hasta Irán para ampliar su influencia. Eso cambiará, anticipó, si él sucede a Bush en enero de 2009. "Impulsaremos una diplomacia agresiva, basada en principios y sostenida desde el día uno", anunció.
"Es tiempo de una nueva alianza de las Américas"
"Después de ocho años de políticas desastrosas de George Bush, ha llegado la hora de avanzar la diplomacia directa, con amigos y enemigos, sin precondiciones".
Si se convierte en presidente, dijo desde Miami, impondrá una "nueva estrategia" hacia Cuba y en la lucha contra la pobreza, la inseguridad y las drogas.
Los vínculos ya no serán, dijo, entre las cúpulas del poder político y económico, sino dirigida a ayudar a los pobres de la región. Estados Unidos será "otra vez un faro de esperanza y una mano que ayude", agregó.
"Hemos fracasado en conectarnos con la gente de la región con el respeto debido a un socio".
Para revertirlo, prometió medir "sus resultados no a través de acuerdos entre gobiernos, sino por medio de las esperan zas del chico en las favelas de Río, la seguridad del policía de la Ciudad de México y las respuestas a los gritos de los prisioneros políticos en las cárceles de La Habana".
Obama ofreció su agenda para la región: mantendrá el embargo a Cuba, pero levantará restricciones y se mostró dispuesto a levantar por completo el bloqueo comercial si el régimen impulsa reformas; criticó en términos durísimos a Chávez; y apoyó a Colombia contra las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC), aún si las persigue a través de sus fronteras con Ecuador o Venezuela.
Condicionó su apoyo a los acuerdos de libre comercio: "No podemos aceptar un comercio que enriquece a aquellos en la cima mientras corta los peldaños de abajo".
Por eso votó en contra del Acuerdo para América Central (Cafta, por sus siglas en inglés) y rechazó el pendiente con Colombia, pero apoyó el modificado con Perú.
La Argentina sólo recibió una mención sobre el final de su discurso. Fue cuando anticipó que evaluará "las oportunidades y riesgos de la energía nuclear en el hemisferio sentándonos con México, Brasil, la Argentina y Chile".
Elogió al presidente mexicano Felipe Calderón por su nombre y le prometió su ayuda, pero también marcó deficiencias en su país.
En cuanto a Lula, destacó su liderazgo en etanol: "Podemos aprender del progreso alcanzado por un país como Brasil".
Cuba, en tanto, concentró la mayor cantidad de alusiones directas -una veintena-. Dijo que el régimen de los hermanos Castro creó "un terrible y trágico statu quo ". Pero también denunció la política seguida por Estados Unidos por décadas, la que "no ha hecho nada por impulsar la libertad pa ra el pueblo cubano" y prometió imponer "una estrategia de cambio".
"Mantendré el embargo", aclaró. Y también dijo que autorizará "de inmediato y sin límites los viajes y el envío de remesas a la isla".
Además transmitirá un mensaje a La Habana: "Si dan pasos significativos hacia la democracia, empezando con la liberación de todos los prisioneros políticos, tomaremos medidas para empezar a normalizar relaciones".
Para Obama, la línea adoptada por Bush hacia Cuba, compartida por el candidato republicano John McCain, sólo ofrece "palabras duras" pero nulos resultados. A ellos, dedicó numerosas y variadas críticas. "Es tiempo de impulsar una diplomacia directa, con amigos y enemigos por igual, sin precondiciones", dijo.
Diplomacia agresiva
Si Cuba concentró más líneas de su discurso, las palabras más duras se las dedicó a Chávez, al que calificó de "demagogo" y como uno de los "matones autoritarios" del hemisferio. "Su predecible pero pelig rosa mezcla de retórica antiestadounidense, su gobierno autoritario y su diplomacia de chequera ofrece la misma falsa promesa de las ya intentadas y fallidas ideologías del pasado", dijo.
"Chávez es un líder electo democráticamente -reconoció-. Pero también sabemos que no gobierna democráticamente. Habla de la gente, pero sus acciones sólo benefician su propio poder."
Y fijó una línea clara y controvertida de acción si arriba a la Casa Blanca: "Apoyaremos por completo la lucha de Colombia contra las FARC. Trabajaremos con el gobierno para terminar con el reino del terror de los paramilitares de centroderecha. Apoyaremos el derecho de Colombia a atacar a los terroristas que buscan zonas protegidas del otro lado de sus fronteras. Y echaremos luz sobre cualquier apoyo a las FARC que provenga de gobiernos vecinos".
Parte de la culpa por la expansión chavista, sin embargo, la centró en el "vacío" que produjo la falta de iniciativa de la administración Bush, lo que también destacó que aprovecharon los europeos, China y hasta Irán para ampliar su influencia. Eso cambiará, anticipó, si él sucede a Bush en enero de 2009. "Impulsaremos una diplomacia agresiva, basada en principios y sostenida desde el día uno", anunció.
lunes, 25 de febrero de 2008
Se va Bush, ¿qué viene?
Por Michael Shifter
Nota aparecida en Perú Economico
El autor es el Vice Presidente del Diálogo Interamericano con sede en Washington D.C.
February 22, 2008
A medida que se estrechan las opciones que los votantes estadounidenses enfrentarán el próximo noviembre, los latinoamericanos y quienes siguen los sucesos en la región crecientemente se hacen la inevitable pregunta: ¿Cómo cambiará la nueva administración la política de EEUU hacia América Latina?
Si la historia reciente sirve de alguna guía, la respuesta es “muy poco”. Desde George H. W. Bush (1989-1993) a Bill Clinton (1993-2001) a George W. Bush (2001-2008), el patrón a lo largo de las dos últimas décadas ha sido uno de continuidad más que de cambio. Por ejemplo, Clinton adoptó el acuerdo NAFTA negociado por su predecesor, tal como el Bush más joven ha respaldado el esfuerzo del Plan Colombia desarrollado bajo Clinton. Así que cualquiera sea el senador que asuma el poder el próximo enero –Hillary Clinton o Barack Obama en el lado demócrata o el presunto representante republicano John McCain–, es poco realista esperar un cambio dramático en la política de Washington hacia la región.
¿Importa América Latina?
La evidencia más clara a favor de la tesis de la continuidad es que los candidatos apenas han mencionado a América Latina en la campaña. Por cierto, ha habido algunas referencias a la región en los debates, incluyendo temas de comercio (particularmente el TLC con el Perú) y la inmigración. Además, la región ha captado algo más de atención a medida que los candidatos compiten por el cada vez más importante voto latino, en Texas y en otros lugares.
Pero incluso en mayor medida de lo esperado hace algunos meses, la creciente preocupación por la tambaleante economía y la pesada necesidad de reformas en el sistema de salud pública han mantenido a los candidatos enfocados principal- mente en los temas domésticos. Cuando la campaña ha enfrentado temas de política exterior, el énfasis ha sido puesto en Irak, lo cual no es sorprendente. Cualesquiera que sean las intenciones de los candidatos, arreglar ese desastre va a ocupar mucho a la próxima administración. Con situaciones volátiles en el Medio Oriente, Afganistán, Pakistán, Irán, Corea del Norte y China, América Latina parece destinada a quedar como una prioridad muy baja.
Sin embargo, es útil tratar de anticipar cómo los candidatos podrían responder a los retos regionales que casi con certeza enfrentarán cuando asuman el poder. Aunque es tentador y lógico aproximarse a este ejercicio tema por tema –comercio, inmigración, drogas, seguridad, democracia, etc.– la presidencia de George W. Bush en particular nos ha enseñado que otras áreas de la política exterior de los Estados Unidos y sus intangibles matices de tono y estilo resultan más determinantes para la factibilidad de una alianza regional productiva.
Por cierto, el mayor reto de la próxima administración en su tarea de formular una política hacia América Latina es comprender que, mientras los últimos ocho años de la presidencia de Bush han sembrado desconfianza en la región, no es posible ni deseable volver a la mentalidad y al enfoque que caracterizó a Washington en el 2000. Desde entonces, América Latina y los Estados Unidos han cambiado en formas dramáticas y fundamentales. Para bien o para mal, la globalización ha reducido la influencia relativa de Washington en la región y ha ampliado las opciones tanto económicas como políticas de los países de América Latina, especialmente en los países más grandes de América del Sur.
Póquer de personalidades
Como un político relativamente novato con menor bagaje político que los otros dos potenciales ocupantes de la Casa Blanca, Obama podría estar en una relativamente mejor posición para acceder a lo que implican estas transformaciones. La poderosa retórica de Obama, quien se ha convertido en el favorito en el lado demócrata, parece reflejar un entendimiento de estos cambios mayores. Pero incluso una presidencia de Clinton o de McCain se vería forzada a hacer ajustes cuando se encontrara confrontada por una región que se rehúsa a aceptar la etiqueta de “patio trasero”; de lo contrario se arriesgaría a un deterioro aún mayor de la relación entre Estados Unidos y América Latina.
Dados los muchos años que tiene dentro del establishment político, el candidato que quizá tendría la mayor dificultad en hacer el ajuste sería McCain. Sin embargo, paradójicamente, él es el que mejor sintoniza en los temas de mayor preocupación para la mayoría de los gobiernos de América Latina. El senador por Arizona, por ejemplo, es un robusto defensor del libre comercio, incluyendo el acuerdo con el Perú así como el más problemático y controvertido acuerdo pendiente con Colombia. Él cree que el NAFTA –el acuerdo de libre comercio firmado por los Estados Unidos, México y Canadá en 1993– ha sido, en retrospectiva, enormemente beneficioso.
En agudo contraste, Obama y Clinton hablan de revisar el impopular acuerdo NAFTA, aunque no está claro qué es exactamente lo que esto conllevaría. Esta postura refleja un reciente cambio en la opinión pública de los Estados Unidos, un cambio que es especialmente marcado en el Partido Demócrata (después de todo, Bill Clinton abrazó los principios del libre comercio). Ambos se oponen al acuerdo con Colombia, para lo cual invocan la violencia contra los líderes sindicales y los altos índices de impunidad judicial. Apoyaron el acuerdo con el Perú, que fuera modificado para incorporar provisiones ambientales y laborales. Pero sólo dieron su apoyo después de que estuvo claro que, a diferencia del acuerdo con Colombia, no tendrían que pagar el alto costo político de enfrentar a los sindicatos, un grupo electoral medular de su partido.
Es vital distinguir entre las posiciones cambiantes de los tres candidatos en el contexto de una campaña política competitiva y en rápido movimiento, y lo que harán una vez en el poder. Por ejemplo, muchos creen que, una vez en la presidencia, Clinton u Obama (quienes se asemejan marcadamente en la mayoría de temas de política) encontrarían la forma de aprobar el acuerdo comercial con Colombia. Ante el objetivo de gobernar, las mayores implicancias para la política exterior que emanarían de archivar o rechazar un tratado ya negociado pesarían mucho más. De similar manera, McCain ha criticado los subsidios al etanol hace mucho tiempo, pero ha sido más ambivalente mientras intenta conseguir la nominación republicana.
McCain también ha dado marcha atrás en materia de inmigración, un tema de importancia mayor para los votantes latinos y para muchos gobiernos latinoamericanos. Ha sido el único entre los candidatos presidenciales republicanos de este año que ha favorecido una reforma completa de la legislación sobre inmigración. Él quiere combinar una fuerte presión para hacer cumplir la ley en la frontera con un pro- grama de trabajos temporales y una vía hacia la ciudadanía para unos doce millones de trabajadores indocumentados en el país. Ha demostrado amplio coraje político al hacer frente a su partido y liderar este esfuerzo en el Senado.
Sin embargo, aunque ello sea popular en la región, ésta es una de las razones por las que McCain ha tenido tanta dificultad en ganarse la confianza de la mayoría del Partido Re publicano, que respalda una aproximación más de mano dura. Con la esperanza de sacarles brillo a sus credenciales conserva doras y unir al partido, McCain recientemente ha dado una importancia mayor al punto de seguridad más que a otras medidas. En cualquier caso, en vista de las muchas predicciones de histeria anti-inmigrante, debe ser reconfortante para América Latina que el candidato republica no con la postura más liberal en esta cuestión fuera capaz de asegurarse la nominación.
En el lado demócrata, las diferencias entre Clinton y Obama en el tema de la inmigración son triviales. Como McCain, ambos sostienen un punto de vista liberal, apoyan una reforma más completa y votaron en el Senado a favor de la construcción del “muro” en la frontera entre los Estados Unidos y México que ha causado tanto resentimiento en el Sur. A la fecha, a Clinton le ha ido mejor entre los votantes latinos que a Obama, en particular en California y Nevada, pero la primaria de Texas a principios de marzo será una prueba importante para los dos. Obama es el hijo de un padre inmigrante de Kenya mientras Clinton se beneficia de la asociación favorable que tienen muchos latinos con la trayectoria de su esposo como presidente en los años 90.
Temas sensibles
¿Cómo enfrentarían los tres posibles futuros presidentes el reto de Hugo Chávez? La política de la administración Bush ha sido notable por su confusión e incoherencia. En enero de 2009, Chávez perderá a su enemigo ideal y la próxima administración tendrá una chance de elaborar una postura más consistente y sofisticada. McCain ha tenido palabras duras para Chávez y probablemente seguiría una estrategia más confrontacional, aunque no está claro qué opciones tendría.
Muchos esperan que Clinton y, especialmente, Obama serán capaces de reducir las tensiones entre los Estados Unidos y Venezuela en el corto plazo. Pero con la cercana alianza de Chávez con Irán y las recientes amenazas de cortar las exportaciones de petróleo a los Estados Unidos, parece que las diferencias son demasiado profundas para que solo un cambio en la administración de los Estados Unidos pueda borrarlas. Por supuesto, Obama ha hecho hincapié en su disposición a “conversar” con los gobiernos inamistosos de Venezuela e Irán sin condiciones, así que por lo menos existe una posibilidad de que haya un esfuerzo diplomático más vigoroso y efectivo.
Obama también ha dicho que él estaría preparado para hablar con el régimen de Cuba, un tema sensible y probable- mente el origen de la mayor irritación en las relaciones entre los Estados Unidos y América Latina en los pasados 40 años. Obama refleja un cambio generacional y probablemente estaría más dispuesto que Clinton a buscar un acercamiento, quien ha calificado la propuesta de Obama de simplista y, ciertamente, mucho más que McCain, quien goza del apoyo entusiasta de la línea dura de la comunidad exiliada de Miami. El eventual fallecimiento de Fidel Castro cambiaría los cálculos de todos y forzaría a una inmediata reconsideración de la política hacia Cuba en Washington –una política que sin duda será observada muy de cerca en todo el globo, especialmente en el mundo hispanohablante. La muerte de un símbolo perdurable de este calibre en los meses antes de la elección de noviembre podría catapultar rápidamente a América Latina hacia el centro de los temas de la campaña. Pero, como la renuncia de Castro a la jefatura suprema de Cuba ya ha pasado y ha tenido relativamente poco impacto en la campaña, es posible que aun su muerte tenga un efecto efímero.
Los latinoamericanos han sido comprensiblemente críticos del doble estándar emanado desde Washington acerca de los derechos humanos en años recientes, pero estarán aliviados por el hecho de que los tres candidatos restantes se oponen a las prácticas de tortura, un tema delicado en el contexto de la guerra global contra el terrorismo. McCain, por supuesto, habla a partir de su experiencia personal –él fue prisionero de guerra y fue torturado en Vietnam por más de cinco años. Pero él ha retrocedido recientemente en este tema en otro intento de ganar el apoyo de los más conservadores de su partido.
Estos retos van estar sumamente difíciles para el próximo presidente, dado que los recursos limitados y los constreñimientos políticos hacen irreal esperar esquemas grandiosos y nuevas y costosas iniciativas. Pero, a pesar de quien gane, la buena noticia es que una administración impopular habrá pasado e incluso modestos cam- bios de enfoque podrían aumentar sustancialmente la cooperación entre Estados Unidos y América Latina. Más significativo que cualquier política específica, Estados Unidos tiene la posibilidad de demostrar que entiende las transformaciones en el hemisferio y que es capaz de responder constructivamente a ellas sin caer en el abuso o la indiferencia.
Nota aparecida en Perú Economico
El autor es el Vice Presidente del Diálogo Interamericano con sede en Washington D.C.
February 22, 2008
A medida que se estrechan las opciones que los votantes estadounidenses enfrentarán el próximo noviembre, los latinoamericanos y quienes siguen los sucesos en la región crecientemente se hacen la inevitable pregunta: ¿Cómo cambiará la nueva administración la política de EEUU hacia América Latina?
Si la historia reciente sirve de alguna guía, la respuesta es “muy poco”. Desde George H. W. Bush (1989-1993) a Bill Clinton (1993-2001) a George W. Bush (2001-2008), el patrón a lo largo de las dos últimas décadas ha sido uno de continuidad más que de cambio. Por ejemplo, Clinton adoptó el acuerdo NAFTA negociado por su predecesor, tal como el Bush más joven ha respaldado el esfuerzo del Plan Colombia desarrollado bajo Clinton. Así que cualquiera sea el senador que asuma el poder el próximo enero –Hillary Clinton o Barack Obama en el lado demócrata o el presunto representante republicano John McCain–, es poco realista esperar un cambio dramático en la política de Washington hacia la región.
¿Importa América Latina?
La evidencia más clara a favor de la tesis de la continuidad es que los candidatos apenas han mencionado a América Latina en la campaña. Por cierto, ha habido algunas referencias a la región en los debates, incluyendo temas de comercio (particularmente el TLC con el Perú) y la inmigración. Además, la región ha captado algo más de atención a medida que los candidatos compiten por el cada vez más importante voto latino, en Texas y en otros lugares.
Pero incluso en mayor medida de lo esperado hace algunos meses, la creciente preocupación por la tambaleante economía y la pesada necesidad de reformas en el sistema de salud pública han mantenido a los candidatos enfocados principal- mente en los temas domésticos. Cuando la campaña ha enfrentado temas de política exterior, el énfasis ha sido puesto en Irak, lo cual no es sorprendente. Cualesquiera que sean las intenciones de los candidatos, arreglar ese desastre va a ocupar mucho a la próxima administración. Con situaciones volátiles en el Medio Oriente, Afganistán, Pakistán, Irán, Corea del Norte y China, América Latina parece destinada a quedar como una prioridad muy baja.
Sin embargo, es útil tratar de anticipar cómo los candidatos podrían responder a los retos regionales que casi con certeza enfrentarán cuando asuman el poder. Aunque es tentador y lógico aproximarse a este ejercicio tema por tema –comercio, inmigración, drogas, seguridad, democracia, etc.– la presidencia de George W. Bush en particular nos ha enseñado que otras áreas de la política exterior de los Estados Unidos y sus intangibles matices de tono y estilo resultan más determinantes para la factibilidad de una alianza regional productiva.
Por cierto, el mayor reto de la próxima administración en su tarea de formular una política hacia América Latina es comprender que, mientras los últimos ocho años de la presidencia de Bush han sembrado desconfianza en la región, no es posible ni deseable volver a la mentalidad y al enfoque que caracterizó a Washington en el 2000. Desde entonces, América Latina y los Estados Unidos han cambiado en formas dramáticas y fundamentales. Para bien o para mal, la globalización ha reducido la influencia relativa de Washington en la región y ha ampliado las opciones tanto económicas como políticas de los países de América Latina, especialmente en los países más grandes de América del Sur.
Póquer de personalidades
Como un político relativamente novato con menor bagaje político que los otros dos potenciales ocupantes de la Casa Blanca, Obama podría estar en una relativamente mejor posición para acceder a lo que implican estas transformaciones. La poderosa retórica de Obama, quien se ha convertido en el favorito en el lado demócrata, parece reflejar un entendimiento de estos cambios mayores. Pero incluso una presidencia de Clinton o de McCain se vería forzada a hacer ajustes cuando se encontrara confrontada por una región que se rehúsa a aceptar la etiqueta de “patio trasero”; de lo contrario se arriesgaría a un deterioro aún mayor de la relación entre Estados Unidos y América Latina.
Dados los muchos años que tiene dentro del establishment político, el candidato que quizá tendría la mayor dificultad en hacer el ajuste sería McCain. Sin embargo, paradójicamente, él es el que mejor sintoniza en los temas de mayor preocupación para la mayoría de los gobiernos de América Latina. El senador por Arizona, por ejemplo, es un robusto defensor del libre comercio, incluyendo el acuerdo con el Perú así como el más problemático y controvertido acuerdo pendiente con Colombia. Él cree que el NAFTA –el acuerdo de libre comercio firmado por los Estados Unidos, México y Canadá en 1993– ha sido, en retrospectiva, enormemente beneficioso.
En agudo contraste, Obama y Clinton hablan de revisar el impopular acuerdo NAFTA, aunque no está claro qué es exactamente lo que esto conllevaría. Esta postura refleja un reciente cambio en la opinión pública de los Estados Unidos, un cambio que es especialmente marcado en el Partido Demócrata (después de todo, Bill Clinton abrazó los principios del libre comercio). Ambos se oponen al acuerdo con Colombia, para lo cual invocan la violencia contra los líderes sindicales y los altos índices de impunidad judicial. Apoyaron el acuerdo con el Perú, que fuera modificado para incorporar provisiones ambientales y laborales. Pero sólo dieron su apoyo después de que estuvo claro que, a diferencia del acuerdo con Colombia, no tendrían que pagar el alto costo político de enfrentar a los sindicatos, un grupo electoral medular de su partido.
Es vital distinguir entre las posiciones cambiantes de los tres candidatos en el contexto de una campaña política competitiva y en rápido movimiento, y lo que harán una vez en el poder. Por ejemplo, muchos creen que, una vez en la presidencia, Clinton u Obama (quienes se asemejan marcadamente en la mayoría de temas de política) encontrarían la forma de aprobar el acuerdo comercial con Colombia. Ante el objetivo de gobernar, las mayores implicancias para la política exterior que emanarían de archivar o rechazar un tratado ya negociado pesarían mucho más. De similar manera, McCain ha criticado los subsidios al etanol hace mucho tiempo, pero ha sido más ambivalente mientras intenta conseguir la nominación republicana.
McCain también ha dado marcha atrás en materia de inmigración, un tema de importancia mayor para los votantes latinos y para muchos gobiernos latinoamericanos. Ha sido el único entre los candidatos presidenciales republicanos de este año que ha favorecido una reforma completa de la legislación sobre inmigración. Él quiere combinar una fuerte presión para hacer cumplir la ley en la frontera con un pro- grama de trabajos temporales y una vía hacia la ciudadanía para unos doce millones de trabajadores indocumentados en el país. Ha demostrado amplio coraje político al hacer frente a su partido y liderar este esfuerzo en el Senado.
Sin embargo, aunque ello sea popular en la región, ésta es una de las razones por las que McCain ha tenido tanta dificultad en ganarse la confianza de la mayoría del Partido Re publicano, que respalda una aproximación más de mano dura. Con la esperanza de sacarles brillo a sus credenciales conserva doras y unir al partido, McCain recientemente ha dado una importancia mayor al punto de seguridad más que a otras medidas. En cualquier caso, en vista de las muchas predicciones de histeria anti-inmigrante, debe ser reconfortante para América Latina que el candidato republica no con la postura más liberal en esta cuestión fuera capaz de asegurarse la nominación.
En el lado demócrata, las diferencias entre Clinton y Obama en el tema de la inmigración son triviales. Como McCain, ambos sostienen un punto de vista liberal, apoyan una reforma más completa y votaron en el Senado a favor de la construcción del “muro” en la frontera entre los Estados Unidos y México que ha causado tanto resentimiento en el Sur. A la fecha, a Clinton le ha ido mejor entre los votantes latinos que a Obama, en particular en California y Nevada, pero la primaria de Texas a principios de marzo será una prueba importante para los dos. Obama es el hijo de un padre inmigrante de Kenya mientras Clinton se beneficia de la asociación favorable que tienen muchos latinos con la trayectoria de su esposo como presidente en los años 90.
Temas sensibles
¿Cómo enfrentarían los tres posibles futuros presidentes el reto de Hugo Chávez? La política de la administración Bush ha sido notable por su confusión e incoherencia. En enero de 2009, Chávez perderá a su enemigo ideal y la próxima administración tendrá una chance de elaborar una postura más consistente y sofisticada. McCain ha tenido palabras duras para Chávez y probablemente seguiría una estrategia más confrontacional, aunque no está claro qué opciones tendría.
Muchos esperan que Clinton y, especialmente, Obama serán capaces de reducir las tensiones entre los Estados Unidos y Venezuela en el corto plazo. Pero con la cercana alianza de Chávez con Irán y las recientes amenazas de cortar las exportaciones de petróleo a los Estados Unidos, parece que las diferencias son demasiado profundas para que solo un cambio en la administración de los Estados Unidos pueda borrarlas. Por supuesto, Obama ha hecho hincapié en su disposición a “conversar” con los gobiernos inamistosos de Venezuela e Irán sin condiciones, así que por lo menos existe una posibilidad de que haya un esfuerzo diplomático más vigoroso y efectivo.
Obama también ha dicho que él estaría preparado para hablar con el régimen de Cuba, un tema sensible y probable- mente el origen de la mayor irritación en las relaciones entre los Estados Unidos y América Latina en los pasados 40 años. Obama refleja un cambio generacional y probablemente estaría más dispuesto que Clinton a buscar un acercamiento, quien ha calificado la propuesta de Obama de simplista y, ciertamente, mucho más que McCain, quien goza del apoyo entusiasta de la línea dura de la comunidad exiliada de Miami. El eventual fallecimiento de Fidel Castro cambiaría los cálculos de todos y forzaría a una inmediata reconsideración de la política hacia Cuba en Washington –una política que sin duda será observada muy de cerca en todo el globo, especialmente en el mundo hispanohablante. La muerte de un símbolo perdurable de este calibre en los meses antes de la elección de noviembre podría catapultar rápidamente a América Latina hacia el centro de los temas de la campaña. Pero, como la renuncia de Castro a la jefatura suprema de Cuba ya ha pasado y ha tenido relativamente poco impacto en la campaña, es posible que aun su muerte tenga un efecto efímero.
Los latinoamericanos han sido comprensiblemente críticos del doble estándar emanado desde Washington acerca de los derechos humanos en años recientes, pero estarán aliviados por el hecho de que los tres candidatos restantes se oponen a las prácticas de tortura, un tema delicado en el contexto de la guerra global contra el terrorismo. McCain, por supuesto, habla a partir de su experiencia personal –él fue prisionero de guerra y fue torturado en Vietnam por más de cinco años. Pero él ha retrocedido recientemente en este tema en otro intento de ganar el apoyo de los más conservadores de su partido.
Estos retos van estar sumamente difíciles para el próximo presidente, dado que los recursos limitados y los constreñimientos políticos hacen irreal esperar esquemas grandiosos y nuevas y costosas iniciativas. Pero, a pesar de quien gane, la buena noticia es que una administración impopular habrá pasado e incluso modestos cam- bios de enfoque podrían aumentar sustancialmente la cooperación entre Estados Unidos y América Latina. Más significativo que cualquier política específica, Estados Unidos tiene la posibilidad de demostrar que entiende las transformaciones en el hemisferio y que es capaz de responder constructivamente a ellas sin caer en el abuso o la indiferencia.
viernes, 4 de enero de 2008
Obama empezo con el pie correcto...
Barak Obama subió al escenario con una amplia sonrisa. Respondión con aplausos a los gritos y saludos de sus seguidores ayer antes de que se votara en Iowa por la candidatura democrata a la presidencia, el primer test de los candidatos en una larga secuencia de votaciones estatales. Allí dijo:
“Dicen que este país está demasiado dividido, demasiado desilusionado como para re-unirse entorno a un propósito común. Pero esta noche de enero, en este momento clave de nuestra historia, ustedes habrán hecho aquello que los cínicos dicen que no podrían hacer"...
Obama ganó en Iowa, un estado predominantemente blanco... Podrá ganar la primaria? Y la presidencia? Lo cierto es que empezó con el pie correcto y afortunadamente no fue el derecho...
“Dicen que este país está demasiado dividido, demasiado desilusionado como para re-unirse entorno a un propósito común. Pero esta noche de enero, en este momento clave de nuestra historia, ustedes habrán hecho aquello que los cínicos dicen que no podrían hacer"...
Obama ganó en Iowa, un estado predominantemente blanco... Podrá ganar la primaria? Y la presidencia? Lo cierto es que empezó con el pie correcto y afortunadamente no fue el derecho...
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